La sociedad está abriendo los ojos a todas las consecuencias que el especismo trae consigo, la tauromaquia es el claro ejemplo de ello y poco a poco, espectáculos como las peleas de gallos, los circos y los zoológicos, comienzan a entrar en el radar de conciencia de la sociedad mexicana. En el caso de los circos, las denuncias ante PROFEPA sobre abusos hacia los animales se han incrementado gracias al poder de las cámaras en celulares y nuevamente, a la difusión de las redes sociales, cientos de animales han sido asegurados por las autoridades ambientales y las campañas informativas al respecto han aumentado, a tal grado que los asistentes pueden facilmente abrir los ojos ante la terrible situación que día a día viven esos animales, en su mayoría extraídos de sus ecosistemas nativos a cortas edades; los elefantes, por ejemplo, dependen emocionalmente de sus madres u otras figuras maternas hasta los 13 años de edad, y son arrebatados antes, bajo el pretexto de ser huérfanos por la caza furtiva, para ser enviados a circos y zoológicos, que disfrazados de santuarios no buscan sino una nueva atracción para sus instalaciones; me pregunto ¿por qué trasladar desde África cinco elefantes menores de 9 años a un supuesto santuario mexicano cuando en dicho continente se tienen al menos dos santuarios para esta y otras especies? No obstante, todas las consecuencias del especismo, desde el uso de animales para entretenimiento hasta el uso para vestimenta y alimentación, no responden sino a una única circunstancia: la demanda, y la demanda existe por una absoluta ignorancia de la naturaleza de estos seres magníficos, que son capaces de recrear diversas emociones como frustración y tristeza, emoción y alegría, además de reaccionar a estímulos dolorosos de tal manera que los hacen capaces de sufrir. Al mismo que la ciencia ha explotado y torturado millones de animales en sus laboratorios, también ha demostrado que todos los animales, hasta los insectos, poseen diversos grados cognitivos y sensoriales que nos rebelan cuan próximos somos nosotros a nuestra propia naturaleza animal. Ser indiferente a la naturaleza de los animales no humanos es una negación de nuestro orígen animal, y mientras la sociedad no acepte que somos más parecidos a ellos de lo que se nos ha inculcado con una educación antropocentrista, este planeta, con todos sus habitantes, incluyendo a los seres humanos, no tiene mucha esperanza de sobrevivir en la manera en que hoy día la conocemos. Si bien es cierto que la humanidad tarde o temprano tendrá que extinguirse como muchas otras especies a lo largo de la historia de la Tierra, debemos pensar cada acto y consideración hacia los otros habitantes de este planeta para no seguir afectando a millones de inocentes que no pidieron ser diferentes a nosotros. El respeto hacia la libertad de los otros animales y su consideración como sujetos de derecho abre paso para una mentalidad más en contacto con nuestro planeta y una acción más negada hacia la violencia, pues la explotación hacia los animales hoy día, no es sino una manifestación más de la violencia humana para consigo y lo que lo rodea. Erradiquemos la demanda de productos y sevicios relacionados con la explotación de los animales no humanos, demos el paso hacia posturas más respetuosas de los animales y por ende del planeta donde todos vivimos. Las redes sociales son poderosas fuentes de información sobre posturas como el veganismo y antiespecismo, más allá de un ecologismo mal enfocado hacia salvar sólo animales y plantas por el interés de la supervivencia humana, salvemos a los animales y sus ecosistemas por el hecho mismo que son entes capaces de sentir la más diversa gama de emociones, tal como los humanos, por el hecho de ser también animales, podemos sentir.
Para finalizar, concluyo con una frase del científico británico Charles Darwing: "A los animales que hemos vuelto nuestros esclavos, no nos gusta verlos como nuestros iguales"
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